miércoles, 19 de julio de 2017

Tiempo de hablar tiempo de callar



Los testigos de Jehová obedecemos el consejo bíblico de no responder cada vez que nos acusan de algo o se burlan de nosotros. Por ejemplo, un proverbio de la Biblia dice: “El que está corrigiendo al burlador está tomando para sí deshonra”
(Proverbios 9: 7, 8; 8: 26:4;)

En vez de entrar en polémica y tratar de desmentir cualquier acusación falsa, nos centramos en agradar a Dios
(Salmo 119:69).

Por supuesto, hay “tiempo de callar y tiempo de hablar” (Eclesiastés 3:7).

Por eso contestamos a las personas que desean conocer la verdad, pero evitamos las discusiones que no llevan a nada.

 Así seguimos las enseñanzas y el ejemplo de Jesús y de los primeros cristianos.



Jesús se quedó callado cuando lo acusaron falsamente ante Pilato (Mateo 27:11-14; 1 Pedro 2:21-23). Tampoco respondió cuando lo acusaron de ser un borracho y un glotón. Más bien, dejó que los hechos hablaran por sí mismos, según el principio: “La sabiduría queda probada justa por sus obras” (Mateo 11:19). Pero cuando hizo falta, sí que respondió con valor a quienes lo calumniaron (Mateo 15:1-3; Marcos 3:22-30).


  • Jesús enseñó a sus discípulos a no desanimarse cuando los acusaran falsamente. Les dijo: “Felices son ustedes cuando los vituperen y los persigan y mentirosamente digan toda suerte de cosa inicua contra ustedes por mi causa” (Mateo 5:11, 12). Jesús también les dijo que a veces esas acusaciones les darían la oportunidad de predicar. En esos momentos, Jesús cumpliría esta promesa: “Les daré boca y sabiduría, que todos sus opositores juntos no podrán resistir ni disputar” (Lucas 21:12-15).



El apóstol Pablo aconsejó a los cristianos que evitaran las discusiones sin sentido, pues tales peleas “son inútiles y vanas” (Tito 3:9; Romanos 16:17, 18).
El apóstol Pedro animó a los cristianos a defender su fe cuando tuvieran la oportunidad (1 Pedro 3:15). En este sentido, indicó que muchas veces las acciones tienen más poder que las palabras. Escribió: “Para que haciendo el bien amordacen el habla ignorante de los hombres irrazonables” (1 Pedro 2:12-15).

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